jueves, 23 de octubre de 2008

Entrevista con Rob Riemen hecha por León Krauze

LK.- En tu libro trazas la historia del concepto de “Nobleza de espíritu” de Spinoza a Goethe y hasta Thomas Mann. ¿Cómo podrías definir, para los lectores potenciales, la idea de “Nobleza de Espíritu”?

RR.- Creo que la manera más concisa de definir la nobleza del espíritu es que se trata, al final, de la esencia misma de la libertad. Y esto puede sonar como una paradoja porque después de todo vivimos en sociedades libres y ya no pensamos en algo como la nobleza del espíritu. Pero si realmente te pones a pensar en la esencia de la libertad tenemos que volver hasta Spinoza quien decía que, para ser realmente libre, uno tiene que librarse de miedos, prejuicios, estupidez y todo tipo de deseos ajenos al espíritu.y sólo así será uno libre. Y así, desde Sócrates hasta Thomas Mann, tenemos una noción de que haber nacido libre implica una responsabilidad. Esa responsabilidad es vivir la vida con dignidad, darle calidad a tu vida desde dentro. Así que libertad, dignidad, todo eso es la nobleza del espíritu. Lo interesante para mí fue que, a pesar de que es una noción aristocrática, es también la noción más elemental y fundamental: uno no tiene que ser rico ni necesita tecnología, vaya, ni siquiera necesita un Dios para vivir tu vida con nobleza de espíritu.

LK.- Ahora, otra de las ideas que desarrollas en tu libro es el concepto de civilización, especialmente la civilización occidental. ¿Está en crisis la civilización occidental?

RR.- Claro que está en crisis. Ahí tendrías que volver a la segunda parte del siglo XIX, cuando Nietzsche se dio cuenta de que la civilización occidental tenía que pasar por una crisis o se dirigía hacia ella. Y esa crisis explotó en nuestra cara con la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Después de la Primera Guerra Mundial, el escritor francés Paul Valery anotó que el mundo debía darse cuenta de que el final de la civilización era posible. Así le pasó a la civilización babilónica, a la egipcia, vaya, México también sabe algo de la desaparición de civilizaciones. Y, así, no hay nada que garantice que la civilización occidental continuaría sin problemas. Ahora, el gran error que estamos cometiendo en este momento es que nos hemos concentrado en la seguridad por el miedo que tenemos al terrorismo. Y no es que quiera minimizar eso, pero mi argumento en el libro es que la seguridad de todo tipo es una condición para la civilización pero nunca es el corazón de la civilización. Y, por ejemplo, si uno sólo se enfoca en seguridad, pues se corre el riesgo de convertir a un país en un estado policial, como creo que está pasando en Estados Unidos. Y si sólo te concentras en la economía, en la liberalización de la economía y demás, pues te acercas a la decadencia total, como creo que está ocurriendo en Europa occidental. Así que para mantener una situación en la que todos puedan vivir su vida con dignidad y en la que tengamos una sociedad buena, necesitamos algo más. Y creo que por eso nos hace falta una discusión seria de qué es lo que realmente hacemos con nuestras vidas y nuestras sociedades. Por ejemplo el colapso en Wall Street. Ahora sabemos que esas personas, los corredores y especuladores, son un fraude. Pero también tenemos que ser críticos con nosotros mismos, porque durante veinte años hemos visto a ese tipo de gente como nuestros héroes, como nuestros ejemplos. ¡Donald Trump era un ejemplo a seguir! ¿Cómo fue que comenzamos a considerar que especular con dinero es motivo para idolatrar a alguien? Y por eso yo llego a la conclusión de que la nobleza el espíritu es el único camino para corregir el rumbo de nuestras sociedades. Es decir: los seres humanso somos todavía animales muy agresivos y tenemos una gran capacidad para la destrucción y la única manera de manejarla, de vivir una vida civilizada, es cultivar la nobleza del espíritu.

LK.- Una de las primeras cosas que uno puede llevarse de tu libro es la naturaleza de la libertad política, el cambio político y la relación de ambos con la violencia. ¿La violencia – la revolución popular, por ejemplo, que aún ésta de moda en América Latina - es todavía un camino para alcanzar el cambio político?

RR.- No, en absoluto. Y, mira, yo vengo de Europa. La historia europea es la historia que conozco mejor: las dos grandes guerras del mundo. Yo vengo de una parte del mundo que ha sido responsable del totalitarismo, que ha sido responsable también de más de cien millones de muertos en sólo un siglo. Somos responsables del Holocausto, del asesinato de los judíos y los gitanos. Una de las cosas que hemos aprendido es que, en una sociedad democrática, en la que muchas cosas debe cambiarse una y otra vez y en la que uno debe luchar por una mejor educación, mayor justicia social y cosas por el estilo, nadie puede cruzar la línea del uso de la violencia. Los activistas lo saben, los líderes sindicales lo saben, los ambientalistas lo saben, todos ellos saben que en el momento en que se recurre a la violencia uno abandona el mundo civilizado. No hay nada más evidente que eso para mí. Y con todas las críticas en contra de nuestras sociedades – en Europa, en Estados Unidos, en México – lo cierto es que todas son sociedades libres y democráticas. Nos podemos quejar de los medios de comunicación, bueno, pues lee o escucha otro medio de comunicación. Podemos quejarnos de los políticos, bueno, pues elijamos otros políticos de manera democrática. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero no, nunca, a través de la violencia.

LK.- Otra de las cosas que haces en tu libro es criticar el papel de los intelectuales en tiempos de crisis, por ejemplo después del once de septiembre. ¿Cuál crees que debe ser el papel de los intelectuales ahora? ¿Y crees que tenemos las mentes para lidiar con los retos del siglo XXI?

RR.- Sí, por supuesto que creo que tenemos a las mentes intelectuales para enfrentar estos retos. Yo tengo un organismo llamado el Nexus Institute que se dedica precisamente a dialogar con los intelectuales del mundo. Y déjame decirte que la calidad de pensamiento es notable allá afuera. Hay una enorme cantidad de gente joven apasionada y profunda. Lo malo es que la estructura establecida en nuestras sociedades evita que mucha gente muy
calificada juegue el papel que tanto anhela. No puedo hablar de México, pero sí sé que en Estados Unidos y Europa la infraestructura cultural se colapsó de alguna manera. Pero la calidad y la inteligencia existe, de eso estoy seguro. Y ahora me gustaría hablar sobre cómo se puede hacer una diferencia en este mundo. Mi idea en el libro es que si todos decidieran tomar su propio trabajo con la mayor seriedad posible y aceptaran su responsabilidad todo sería mejor. Si eres periodista pues querrás investigar lo desconocido y lo informarás de la mejor manera posible. Si eres maestro podrías decir: “ya, olvidemos esta tontería burocrática y vamos a comenzar a leer a los clásicos”. Eso ya sería hacer una diferencia, ¿no crees? Ahora, hablando de los intelectuales. Imagina una sociedad en la que no existieran los intelectuales. Pues no habría crítica, no habría pensamiento crítico. Por obvias razones, la primera medida de los regímenes totalitarios es excluir o aniquilar a las voces críticas, ya sean poetas, músicos, hasta doctores. Eso no es casualidad.

LK.- Pero, ¿y qué me dices de la figura del intelectual “filo-tiránico”? El intelectual seducido por la figura del poderoso…

RR.- Mira, ese es mi segundo argumento. Mientras haya intelectuales habrá la traición de los intelectuales. Los intelectuales que están resentidos, que se sienten traicionados por la realidad. Y luego, claro, la seducción del poder… Mira, creo que los intelectuales deben convencerse de que su papel es analizar lo que ocurre en una sociedad pero siempre en los márgenes de la misma. El intelectual debe aceptar que él o ella está siempre mirando desde afuera. Siempre ha sido ese el caso. Ahí está el Antiguo Testamento: los profetas miran desde afuera. No son parte del círculo del poder. Y aun así, su vida está dedicada a la búsqueda de la verdad. Son los reyes los que están comprometidos con el mundo del poder, no los intelectuales. Cuando los intelectuales de izquierda o de derecha se vuelven seres políticos y usan su interpretación de la realidad para la política, las cosas van mal. Así le pasó a Camus con Sartrte: le dejó claro que los intelectuales tienen una línea que no deben rebasar. Camus le dijo que, con todo respeto a sus compromisos con el marxismo, la búsqueda de la verdad era mucho más importante y los valores morales sí existen. Y en el momento en que nos rendimos en la búsqueda de la verdad y sustituimos los valores morales con los valores políticos, entonces estamos perdidos. Y lo más trágico es que este grupo, que debería cultivar la conversación y el debate respetuoso de ideas; este grupo está enclaustrándose en sus pequeñas iglesias seculares y todos aquellos que no comparten sus argumentos son excluidos y repudiados. Y eso es más que triste, es una tragedia.

LK.- La elección estadounidense está a la vuelta de la esquina. Esta elección nos ha dado dos personajes que representam en muchos sentidos, dos lados opuestos del espíritu de aquel país. Primero, Barack Obama, que valora la elocuencia y la templanza, principios que tú también elogias en tu libro. Y por el otro, no John McCain sino Sarah Palin, que representa, desde mi punto de vista, lo peor de Estados Unidos: su frivolidad, su puritanismo. ¿Qué opinas de la elección?

RR.- Primero, tienes razón: esta elección en efecto se reduce a Obama contra Palin, no Obama contra McCain. Lo segundo que quisiera decir es que ambos personajes sólo son posibles en Estados Unidos. En Europa serían imposibles. Son personajes estadounidenses: uno de los mejores y uno de los peores ejemplos de lo que es capaz aquel país. Ahora, yo no comparto el optimismo de mis amigos. No estoy tan seguro de que Obama vaya a ganar la elección. Y es que sería un momento de tal transformación después de la era de Reagan, de Bush padre y del actual presidente Bush….porque mira, podemos decir que Bush se robó la primera elección, pero la segunda ganó con todas las de la ley. No sé, simplemente no estoy convencido. En fin, pensemos positivamente. Si Obama gana sería un gran primer paso, pero un primer paso después de todo. La realidad no cambia, Washington no cambia, el mundo no cambia, pero sería un gran primer paso. Muchas cosas tendrán que cambiar y Obama va a necesitar mucho apoyo. Si McCain… si Sarah Palin es electa, bueno, entonces, debemos tener fe en el sistema estadounidense de rendición de cuentas, del congreso y de la idea de “Nosotros, la gente”, que está en el alma de la estructura social en Estados Unidos. En general, en una democracia, los políticos no son líderes, sólo siguen lo que la gente quiere. Y Sarah Palin no es una líder, tendría que seguir lo que la gente le exija. Así que todos deberán asumir su responsabilidad. Y eso es muy importante, por ejemplo, para los europeos. En Europa tenemos un sentido de que los estadounidenses deben elegir a Obama o si no demostrarán que son todavía más estúpidos de lo que ya han sido. Pues sí, pero también seamos autocríticos: ¿qué hay del liderazgo en Europa? ¿Por qué es que la Europa próspera no está jugando un papel significativo en la política mundial? ¿Por qué le hemos cedido el liderazgo del mundo occidental a Estados Unidos? Así que Europa debería ser más modesta y reflexionar más sobre su propio papel, su sociedad paralizada, su incapacidad. Porque a veces pienso que la Unión Europea se está volviendo un chiste, un chiste que, como muchas otras cosas, necesita cultivar la nobleza del espíritu.

LK.- Rob, muchas gracias por esta conversación.

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